El desgobierno

Ayer los argentinos votaron masivamente contra el peronismo kirchnerista. Fue lo que los técnicos –que somos casi todos– llaman un “voto-castigo”. Los argentinos castigaron con entusiasmo al partido que los gobierna. Para castigarlo, los argentinos votaron sin entusiasmo al partido que no los gobierna porque lo habían castigado antes votando al que ahora los gobierna; antes aún lo habían votado en masa para castigar al que los había gobernado antes –el que los gobierna ahora–, que era el que habían votado antes y después dejaron de votar y después volvieron a votar y ayer, otra vez, no votaron. La frase es confusa, la sucesión es clara, las conclusiones más: elección tras elección, los argentinos votan al partido que no los está gobernando. O, más claro: lo que los argentinos no les toleran a sus gobiernos es que los gobiernen.

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Ñamérica

Es un gusto. En estos días está apareciendo –qué raro que los libros “aparezcan”– mi más reciente, Ñamérica. Es un libro gordo, casi 700 páginas, en el que trabajé directamente los últimos tres años e, indirectamente, los últimos treinta: desde que empecé a recorrer América Latina para tratar de contarla. Ahora la idea es contarla pero también pensarla: intentar entender cómo cambió en las últimas décadas esta región que suele definirse como la más desigual, la más violenta, la más migrante, la más futbolera, la más católica, la más nueva del mundo. O sea: tratar de ir más allá de estos lugares comunes -y de la facilidad de las…

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Aprender a mirar

¿Me permiten una historia boba? ¿Una fábula pobre, un cuento sin sus hadas? Bueno, gracias. Entonces empezaré contándoles que aquel maestro solía ir a esa caverna, aunque no contaré cómo, para qué. No lo sabemos: seguramente algunos suponían que iba con una mujer y eso, a fines del siglo XIX y en un pueblo de la Francia profunda, era mejor callarlo. Algunos imaginaban que iba a hacer otras cosas, aún más acalladas. Pero, en verdad, seguramente iba porque en el pueblo todos iban: porque ir a esa caverna, Font-de-Gaume, era un paseo habitual.

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Impunidad de rebaño

La historia es rara: ante la peste, un presidente latinoamericano se pone firme, cierra todo, amenaza a “los idiotas” –él dice “los idiotas”– que no quieren cumplir con el cierre, evita ciertas muertes y se deja cazar en unas fotos. Esas fotos, que muestran la fiesta de cumpleaños –llena de amigos, vino y rosas– de su mujer en la residencia presidencial de Olivos, julio de 2020, plena pandemia, también muestran que el señor presidente se cagó en todo lo que exigía a sus conciudadanos: que mientras ellos no podían ver a nadie ni ir a sus trabajos ni educar a sus hijos ni cuidar a sus enfermos ni despedir…

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El medio no es el mensaje

Lo miré. Sí, confieso, lo miré. Twitter decía que había sido “histórico” y me dio curiosidad: Ibai Llanos, un muchacho vasco de 26 años, varios millones de seguidores en sus redes, frecuentador de futbolistas, le había hecho “una entrevista histórica” a Lionel Messi el día de su llegada a París. Yo estudié historia; con eso de la historia me llevan del hocico. Así que quise saber por qué era histórica y me tomé el trabajo de mirarla en su canal de Twitch: el ¿entrevistador? habló mucho de sí, de cuánta carne había comido o no comido en un asado en casa de su entrevistado, de cómo había llegado hasta…

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Chau, fútbol

Ya está, otra vez. Agosto, tedio, calorón, vacío de noticias, y el fútbol al rescate. Un asunto de fondo planetario de pronto nos sacude: el Fútbol Club Barcelona y Leonel Messi no van a firmar otro contrato de trabajo ultra-súper-mega millonario. Los medios enloquecen, cuentan lo que no saben, especulan. Millones y millones comentamos –al fin y al cabo, se trata de millones.

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Gimnasias de la víctima

Olímpicos estamos, olimpiados. Las olimpiadas se imponen en los medios y nos convencen de que vale la pena ver cómo alguien pone cara de fuerza para alzar unos cachos de hierro, cómo alguien pedalea y pedalea, nada y nada. Olimpíadas: sus inventores griegos, más amables, las usaban para suspender cualquier enfrentamiento. Ahora el mundo las usa para dar a esos enfrentamientos glamur y vaselina: sublimarlos, dicen. Las olimpíadas se han vuelto algo tan serio, tan actual, que ya no hacen lo que las definía en sus tiempos modernos: ya no son –como eran– el espacio de los que hacían deporte por deporte, los amateurs o aficionados. Lo hacían –entonces–…

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