D.Y.

Fotos: Dani Yako

Epígrafes: Martín Caparrós

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Mi amigo Dani Yako, que ya ha pasado por estas ¿páginas?, es un gran fotógrafo. Es, también, un gran neurótico: se ha pasado su casi medio siglo de profesión despotricando contra cualquier tecnología más o menos nueva, fiel a su leica y sus negativos blanco y negro y sus copias de artesano, papel y celuloide y el olor de esos líquidos mágicos.

Por eso todavía conserva sus máquinas y su laboratorio, un lugar no muy lejos de su casa donde iba a trabajar casi todos los días. Pero la pandemia, como a todos, lo atacó y le hizo un daño que quizá sea un favor: encerrado, no tuvo más remedio que usar su teléfono para registrar y contar lo que veía, lo que vivía en ese mundo breve.

Durante más de seis meses de encierro Yako mandó a sus amigos, cada día, una foto que lo sintetizaba. Yako siempre trabajó en blanco y negro; estas eran en color. Yako siempre buscó un realismo despiadado; estas solían ser abstractas. Yako, queda dicho, siempre usó celuloide y papeles; estas son puro digital.

La pandemia nos está cambiando de formas que no sabemos, que no podemos todavía calibrar. Uno de esos cambios –un pequeño paso para la humanidad, uno tan grande para Yako– es este, estas fotos totalmente inesperadas con las que fue contando y pensando el encierro, la asfixia de no poder hacer lo que sabíamos: en esa traba había una puerta.

La traba era la puerta.

Yako la abrió –y esas fotos, las 200 y pico, serán seguramente un libro, uno de los relatos más sugerentes de estos meses que todavía no terminaron, que no nos terminaron, que ahora empezamos a contar. Estas fotos son un relato de este tiempo y son, también, una metáfora de algo: la fuerza de ese instinto que nos lleva a buscar, cuando no encontramos lo habitual, lo que no habíamos pensado todavía, lo que no queríamos pensar.

No solemos hacerlo: nuestras vidas funcionan sin eso. Pero un tsunami como la peste nos devuelve la necesidad y reaparece: ese impulso tan raro es, al fin y al cabo, lo que nos hizo hombres.

Hacer lo que no hacíamos, salir de los encierros.

Abrir los ojos, caminar a ciegas.

Buscar entre las sombras, exponerse:

caer si acaso.

O no caer y ser

ligeramente otro, ser

lo que antes no, ser

sin saber: caer.

Hacerse en la caída.