Martín Caparrós

Está claro para qué les sirven los árboles a los gorriones: para estar, vivir, poner sus nidos, comer sus bichos, descansar en sus vuelos. Los gorriones no vivirían sin árboles. En cambio no sabía que los gorriones les servían a los árboles hasta ayer, en medio del temporal y de la nieve.

La nieve es de una belleza abrumadora: cambia de todo los colores, cambia las formas y los fondos, hace que el mundo sea, por unas horas, otro. Pero, como suele suceder con la belleza, cobra, cuesta: al cabo de un rato grandes ramas, cargadas, recargadas, empezaron a quebrarse y a caerse. Era brutal oírlas, verlas, encontrar esos agujeros que dejaban.

Pero los gorriones, que en lo peor de la ventisca habían desaparecido, iban volviendo. Y se posaban en las ramas nevadas y al posarse las sacudían y, al sacudirlas, hacían caer la nieve: las salvaban.

Está claro para qué les sirven los árboles a los gorriones; no es tan fácil entender para qué les sirven los gorriones a los árboles.

A veces para saberlo se necesita una tormenta.